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Jesús Ares González descubrió el vidrio y decidió
probar fortuna en el año 1935. Lo hizo en un pequeño taller de apenas cincuenta
metroscuadrados. Hoy, tras su esfuerzo y el de mi padre, Fernando Ares,
tenemos tres tiendas y la nave informan orgullosos los herederos.
Para nosotros el vidrio lo es todo cuenta Keka Ares mientras pasea
por el expositor de su fábrica, que en total dispone de más
de dos mil metros cuadrados dedicados a múltiples aspectos
relacionados con el mundo del cristal.
Camuflada en una nave industrial en la zona de A Grela se encuentra una de las
fábricas de cristal con más solera de la ciudad. No
sé si somos los pioneros, pero creo que no es nada habitual
prolongar un negocio así durante las cuatro generaciones que
nosotros ya llevamos, explica Keka Ares.
Claro que la evolución tecnológica no ha supuesto la pérdida
de identidad de una firma que, según sus trabajadores, se ha
caracterizado por un respeto extremo al cuidado del cristal.
Empezamos haciendo espejitos sanitarios y espejos con nitrato
de plata. Luego pasamos al trabajo de obra y ahora compaginamos todo
eso con el diseño y la creación de piezas, afirma
Keka.
Pese al escrupuloso respeto a la tradición, en El Reflejo no se ha
olvidado tampoco la posibilidad de modernizar determinados métodos.
Claro que no, ataja la gerente del complejo. Vamos
a toda clase de cursos y aplicamos las técnicas más innovadoras,
explica veloz la experta.
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